Love Like Blood en el reproductor y la niebla fría disipandose cerca de los acantilados. Eso y la luna llena me bastaban mientras conducía.
Una canción sobre lo inmediato de la vida. Sobre vivir la vida como soldados en el campo de batalla.
Un auto me sobrepasó a gran velocidad, al borde de perder el control, sus faros dando vaivenes cerca de los postes de iluminación. Solo unos segundos de incertidumbre y nuevamente a lo usual de la noche.
Las luces de los edificios que aparecían frente al mar a lo lejos parecían reflejar viejos castillos en la penumbra, cada quien con sus historias de vida y leyendas.
Volvi a sumergirme en la canción, en su modernidad oscura y en el pasado que añoraba y jamás había podido vivir con ella de fondo. Mi vida se nutría de otros pasados con sus consiguientes segmentos. Sonidos así habían sido parte de ello en presentes no tan lejanos.
Formabas parte de esos momentos. Y hoy volvía a acercarme a esas calles ya sin creer en ningún futuro con ancla en ese tiempo ido.
Un avión despegaba del aeropuerto, apenas visibles sus luces y los reactores a plena potencia buscando altura ya sobre el océano.
Durante unos segundos creí ver nuevamente una brillante y pequeña bola de luz acercándosele y luego el inevitable fogonazo destructivo y letal.
Pestañeé y me convencí que eso había ocurrido en otra vida. En otro mundo, o al menos en otra parte muy alejada de esta boulevard bordeando el Atlantico.
Las manos me sudaron al volante de la camioneta y mi respiración se agito por unos instantes. Los no tan viejos recuerdos se resistían a dejar espacio a los nuevos espejismos.
Mientras mi remanida ansiedad se difuminaba lenta pero consistentemente, ingresé en la avenida. Algunos bares que no reconocía le habían dado vida nocturna a calles que antes solían ser ventosas y poco hospitalarias.
El tiempo corría y todo evolucionaba.
Aunque en mi interior dudaba de que eso ocurriera conmigo.
Me esperabas. La charla se había pospuesto años. Vida y cataclismos de por medio.
