Que era lo que tenia, no tengo la menor idea.
Pero se quedó ahí, como un pensamiento con ojos, oídos, manos y pies...voz y perfume.
Porque tenía un hermoso perfume.
Aunque a veces creo que se trataba solo de un juego de mi mente, que decidió agregarle algún tipo de esencia olfativa a lo que pasaba dentro mio.
No en vano recordé el "olor a golpe" que solía percibir antes de besar la tierra cuando era más joven, y se me ocurría probar que tan duro era el caerse de una bicicleta.
Ahora que lo veo en casi retrospectiva, no sirve hacerme la pregunta de que era lo que tenia....nada mas porque tenia algo.
Es solo que hoy, sentado aquí, mirando la misma agua y el mismo cielo que nos separan vaya a saber Dios cuanto (Dios lo sabe, en realidad), pocas ganas tengo de contarlo.
Solo tengo este silencio en el pecho. Y ni siquiera ella lo sabrá nunca.
¿Nunca?
jueves, 24 de mayo de 2007
domingo, 18 de febrero de 2007
Espera.
Siempre me pregunté porque las cosas se magnifican cuando esperamos a alguien que realmente no queremos ver.
Hace un tiempo, por ejemplo, estaba sentado en un banco de la rambla. Luchando, y perdiendo, contra un frío invasor e intransigente, por el solo hecho de buscar explicaciones.
Y ese frío, bendito para mi en otras ocasiones, se tornó un enemigo invisible e insidioso.
La espera, el crear la imagen de verla caminando pasito tras pasito sobre estos vapuleados tablones de madera atacados por turistas...se volvió una imagen dulcemente insoportable.
Y digo dulcemente, porque aún mi necedad me dejaba creer en esa cualidad de los idiotas que es el sentido de Esperanza.
Hace un tiempo, por ejemplo, estaba sentado en un banco de la rambla. Luchando, y perdiendo, contra un frío invasor e intransigente, por el solo hecho de buscar explicaciones.
Y ese frío, bendito para mi en otras ocasiones, se tornó un enemigo invisible e insidioso.
La espera, el crear la imagen de verla caminando pasito tras pasito sobre estos vapuleados tablones de madera atacados por turistas...se volvió una imagen dulcemente insoportable.
Y digo dulcemente, porque aún mi necedad me dejaba creer en esa cualidad de los idiotas que es el sentido de Esperanza.
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